Ucrania, la hora de los hornos (y el pan quemado) por Augusto Zamora R.
La invasión, hasta ahora parcial, de territorio de Ucrania por Rusia, más allá de las pasiones políticas, requiere ser considerada con la cabeza fría, que es sustancial a la geopolítica. La política de la geografía es una política de poder que determina unas cuestiones y condiciona otra. Para situarnos mejor, es necesario recordar lo que habíamos armado en 2016, en el libro Política y geopolítica y que citamos en el artículo publicado el miércoles: «Pese a las apariencias, el conflicto en Ucrania no ha hecho más que empezar. El gobierno de Kiev, en manos de extremistas antirrusos, ha adoptado una estrategia de seguridad nacional sobre tres pilares: la consideración de Rusia como Estado enemigo y principal amenaza para Ucrania; la incorporación en la OTAN y la reducción de los vínculos económicos (y por tanto políticos y culturales) con Rusia. Casi una declaración de guerra». Una declaración de guerra. También señalamos que «Si los acontecimientos siguen estos derroteros, el conflicto bélico estallará, más tarde o más temprano. La única pregunta que quedaría por contestar es el cuándo y el cómo». Ahora, seis años después, tenemos la respuesta a esa pregunta. Los gobiernos de Ucrania, manipulados o convencidos por EEUU y la UE/OTAN, creyeron que podían erigirse en la vanguardia de la OTAN contra Rusia y ahí tienen los resultados.
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