La salida de esta crisis de civilización pasa por un acuerdo de sentido común entre las dos principales potencias, pero su principal impedimento está en Washington.
En verano vimos a los ejércitos de China, Estados Unidos, Alemania, Holanda, Grecia, Turquía, Rusia y Argelia, ocupados en gestionar incendios, inundaciones, sequías y movimientos de población relacionados con los efectos del cambio climático. En Siberia, California y Australia, los incendios devastadores se hacen endémicos y en el África del Norte y subsahariana, como en Centroamérica, se activan los flujos migratorios. En China, Zhengzhou, la capital de Henan (100 millones de habitantes en 167.000 km.2), recibió en dos días de julio la lluvia de un año, arrasando infraestructuras, agrietando presas y arruinando cosechas, con más de 300 muertos. Miles de efectivos militares fueron movilizados para
prevenir y reparar daños en las presas del rio Jialu en un ambiente de movilización general.
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