Entre la derrota y la escalada por Rafael Poch de Feliu
Un año después del atentado del Nord Stream, la unidad del bloque occidental es mucho menos firme de lo que se pretende.
Hoy se cumple un año del atentado que voló el gaseoducto Nord Stream en el Báltico. Con la distancia de un año, el hecho de que Estados Unidos atentara contra un interés estratégico de Alemania, su principal aliado en Europa, sigue pareciendo uno de los datos centrales del conflicto de Ucrania. Aunque la procesión vaya por dentro, aquel atentado ha tenido un efecto demoledor sobre el liderazgo de Estados Unidos en Europa Occidental. Dañó gravemente a la economía alemana y dijo mucho sobre la fragilidad de la cohesión interna de la OTAN; sobre hasta qué punto la organización militar liderada por Estados Unidos en el continente manda sobre la Unión Europea, su subordinado brazo político. La omertá sobre aquel hecho de los propios afectados, sobre todo de los humillados políticos alemanes, así como la colaboración de sus servicios secretos y sus medios de comunicación en las burdas y diversas cortinas de humo lanzadas por la CIA para disimular y despistar la simple realidad sobre la autoría de todo aquello, también contribuyen muy bien a dibujar el panorama que tenemos delante.






