Medios de destrucción por Wolfgang Streeck
Por muy terrible que sea para el pueblo ucraniano, la guerra de Ucrania no es más que una cuestión secundaria inserta en una historia de dimensiones mucho mayores: la de la batalla que se despliega entre una potencia hegemónica global en declive y otra en ascenso. Una función importante cumplida por la guerra actual es la consolidación del control de Estados Unidos sobre sus aliados europeos, que son necesarios como respaldo para el “pivote hacia Asia” concebido por la potencia estadounidense (Obama) sobre lo que solía ser el Mar del Sur de China y que ahora la leal mediacracia occidental denomina el IndoPacífico. La tarea de Europa es evitar que Rusia aproveche que Estados Unidos dirige su atención armada a otros rincones del mundo y, si es necesario, unirse a la potencia estadounidense en su expedición asiática (algo para lo que el Reino Unido ya se está preparando activamente). No hay garantía de que no vaya a producirse alguna explosión nuclear en el camino, sobre todo en Europa Occidental. Para los países de esta región, la cuestión más urgente es si se atreverán a aspirar durante las próximas dos o tres décadas a ser algo más que un elemento auxiliar de Estados Unidos en la doble tarea de controlar a Rusia y de prestarle ayuda en su inminente batalla con China, cuestión que Scholz, Macron y compañía deben abordar de inmediato antes de que sea demasiado tarde.
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