El 28 de agosto de 1988, 300.000 personas asistían al “Flugtag” una jornada de puertas abiertas en la base americana de Ramstein, en Alemania. La jornada concluía con la exhibición aérea de la patrulla acrobática de las fuerzas aéreas italianas “Frecce tricolori” , las flechas tricolor. Era uno de esos actos de espectáculo festivo y relaciones públicas de la potencia ocupante de Europa Occidental. La Iglesia evangélica alemana había llamado a la población a no asistir a “este tipo de certámenes utilizados a para idealizar y endiosar la maquinaria bélica de matar seres humanos”.
Socialdemócratas y verdes también se habían mostrado críticos con el show. Eran, desde luego, otros tiempos aún dominados en Alemania por el antimilitarismo y el antibelicismo…
El caso es que, cuando la patrulla acrobática italiana ultimaba su maniobra, dibujar un corazón en el cielo que el líder de la patrulla, el teniente coronel Ivo Nutarelli, debía atravesar con su aparato cruzándose en vuelo con sus compañeros, los aviones colisionaron, con el resultado de 67 muertos y quinientos heridos, entre todos ellos muchos niños. Fue el peor accidente hasta la fecha en una exhibición aérea Ramstein Airshow Tragedy Reportage (Part 2/2) – YouTube , solo superado años después, en julio de 2002, por una catástrofe similar en la ciudad ucraniana de Lviv.
El viejo ex primer ministro pide ahora al joven Macron (“o a la OTAN” , dice, como sugiriendo con esa mención secundaria una posibilidad mucho menos probable), que reconozcan su responsabilidad en el crimen de Ustica. En el ocaso de su vida quiere, dice Amato, “provocar, si es posible, un acercamiento a la verdad”. Pero la experiencia demuestra que ese es un ejercicio sumamente complicado para la OTAN y su mundo, sin duda el principal agente de terrorismo de la historia europea de posguerra y principal responsable histórico de la actual guerra de Ucrania que quizás sea su traca final, dado el enorme revés militar que se está incubando en ella para Occidente.
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