Este 2026 se celebra en los Estados Unidos de América el 250 aniversario de la Declaración de independencia. No es una efeméride en la que convenga insistir mucho: si la colonización cultural a la que está sometida Europa desde hace décadas no fuese suficiente, el presidente estadounidense, Donald Trump, se ha propuesto convertir la fecha en una celebración chovinista y chabacana que atraerá la atención de los medios de comunicación, incluyendo, si nada lo impide, un combate de artes marciales mixtas (MMA) en la Casa Blanca el próximo 14 de junio.
Para el resto de nosotros, la conmemoración ofrece la posibilidad de estudiar la historia de los Estados Unidos desde otros ángulos y reconstruir cómo, entre otras cosas, un país que nació de la lucha contra un imperio terminó por convertirse paradójicamente en uno, al punto que hoy el primer hecho ha quedado relegado, en el mejor de los casos, a un dato folclórico, si no se ha olvidado directamente.
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